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lunes, 19 de octubre de 2009

Los premios

Con los galardones concedidos en las últimas fechas como Nobel de la Paz a Obama, Golden Foot a Ronaldinho y por último el premio Ondas a Jorge Javier Vázquez, casi que es mejor permanecer anclado en la mediocridad y no ganar nada.
Y eso si no tenemos en cuenta que el tal Millet que sigue campando alegremente aunque ahora sin pasaporte atesora una Creu de Sant Jordi.
Y eso si no tenemos en cuenta la cantidad de veredictos que se fallarán (y nunca mejor dicho) y de los que no nos hacemos eco porque tenemos aún menos idea que de los citados.
El Planeta como ya de por sí es tradicionalmente una mierda (ojo, según los estudiosos que creo que yo sólo me he leído el de los mares del Sur de Pepe Carvalho) tampoco participa en este ensayo.

Ahora vamos a por cosas futbolísticas.
Estoy bastante harto de oír a Pep Guardiola decir que todo es molt i molt. Que si el rival es molt i molt complicat, que si un jugador es molt i molt bo, que si una afición aprieta molt i molt, etcétera etcétera.
Una cosa es ser prudente pero poner esa etiqueta antes de enfrentarte a Almerías, Rubin Kazans y demás es un poco exagerado.
Para colmo, la penúltima vez que lo oí decirlo hacía referencia a la afición del Valencia. Venga ya, hombre.
Del partido del sábado, como no estaba la cosa muy distraída me iba quedando con flashes que no dejan de ser inquietantes en general.
Primero la obsesión que tienen todos los equipos incluídos los teóricos grandes a jugarle al Barça en casa como si fuesen equipos pequeños jugando fuera.
Segundo el desconocimiento flagrante del comentarista que no sabía lo que pasa cuando un defensa toca una pelota sin que salga del área en un saque de puerta. Voy a buscar información sobre la sanción disciplinaria de la tarjeta a Piqué porque no lo había visto en mi vida. Es para darle una medalla al árbitro si acertó o enviarlo no a la nevera sino al congelador si se confundió.
Tercero los tatuajes que gastan algunos de los jugadores valencianistas. Al tal Alexis, defensa central defenestrado y con un tinte de pelo a lo Guti (pero peor) no se los tengo muy calados pero la virgen que gasta Pablo Hernández en el brazo es para exclamar: ¡Ay, la ídem!
Inciso para decir que tiene pinta de excelente jugador a pesar de tener cara de yonqui.

2 comentarios:

Sobrevalorado dijo...

No hay nada más ridículo que presentarse a un premio. De hecho, la misma existencia de los premios es una cosa ridícula.

Angue dijo...

yo creo que le enseña tarjeta ya que hay intencionalidad en la acción de tocar la pelota antes de que salga del área para que no le presione el jugador del Valencia.
Ponte el dual en TV3 y escucharás al Puyal sin desfase.