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martes, 11 de marzo de 2008

¡Que viene el Niño!

Ya estamos todos. El fútbol inglés ha confirmado su supremacía en la Champions con su poker de equipos en cuartos de final.
El Liverpool, de la mano de Fernando Torres con su vigésimosexta diana de la temporada coloca a los de Anfield en la siguiente ronda. No los quiero ver ni en pintura. Un equipo con esa velocidad a la contra contra nuestros campeones mundiales del juego horizontal y la propensión de Torres a darnos pa'l pelo conformarían un cóctel explosivo.
Así que juntemos mentalmente nuestras manos y que nos toquen los alemanes o los turcos que si no no creo ni que patim.

Por otro lado, ayer anunció Haile Gebrselassie su renuncia a participar en el maratón de los JJ.OO de Pekín. Parece que el hombre tiene asma y con la polución que manejan los chinos no está el tema como para pegarse más de dos horas tragando porquería ambiental.
Con el bueno de Haile se pueden hacer dos comparaciones. La primera es mejor ni intentarla porque sería en el plano atlético pero la segunda que es a nivel de edad/conservación ayuda a subir el ego. Comparaos alegremente con él que está rondando los 35 años. También podría ser que igual que hacen en torneos de categorías inferiores le hayan falseado la fecha de nacimiento y en realidad esté rozando la sesentena.

Ya para concluir, una de mis absurdas teorías. Hoy ha sido un día de guantes y tirantes. Puedo dar fe que hoy he visto desde una señora con guantes y chaquetón hasta un hombre corriendo en tirantes. Podréis alegar que la señora salía a las seis de la mañana para ir a trabajar pero no. Eran las doce del mediodía. Además, ¿qué narices iba a hacer yo a las seis por la calle?
Hace unos cuantos años a esa hora me hubiese podido cruzar al volver de fiesta pero hoy en día ... ¿No os resultaba chocante cuando saludábais a un conductor de autobús con un educado Buenas noches y os contestaba con un no menos amable Buenos días?

1 comentario:

Sobrevalorado dijo...

Mucho peor era (lo de buenos días/buenas noches) en el ascensor, con esos ojos rojos y ese aliento indescroptible