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viernes, 3 de diciembre de 2010

Nos pilló el toro

Llevo desde la Semana Santa pasada advirtiendo al personal de no utilizar el avión como medio de transporte porque se iba a liar parda (no veas lo que me ha costado encontrar la cita en cuestión).
El verano incluso escribí la entrada que hacía referencia a mi miedo a volar o para ser más exactos mi miedo a no volar.
Y ahora resulta que después de hacerme caso a mí mismo en los anteriores puntos calientes vacacionales y utilizar el barco desde Barcelona para disfrutar del merecido descanso estival, contrato un viaje a Bruselas para ir con la familia a ver a mi hermano y cierran el espacio aéreo.
Como lo de rasgarnos las vestiduras no es de nuestro estilo, vamos a ver lo que podemos extraer de positivo:
  1. Como vamos (o íbamos) a alojarnos en casa de la familia, nos evitamos el perder el precio del hotel si nos acabamos quedando en tierra.
  2. Es probable que incluso recuperemos el dinero de los billetes.
A ver qué dice Pepiño cuando salga porque esto ya no hay Dios que lo arregle.

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