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miércoles, 16 de marzo de 2011

Superpepiño al rescate

Ya sé que debería hablar de la mala suerte de Eric Abidal y escribir compungido por la desgracia de una persona que no es más que la enfermedad que miles de personas sufren a nuestro alrededor.
Quizá debería compartir mi enorme alegría por haber sido (al fin) uno de los afortunados que acompañarán al Barça en la final de Copa en Mestalla contra el Madrid que de hecho ahora mismo está certificando su pase a cuartos (cuánto me gustaría tragarme estas palabras dentro de media hora).
Pero el caso es que lo que me piden los dedos es hablar de lo que está pasando en AENA con la acostumbrada falta de rigor.
Digo esto porque obviamente no tengo ninguna prueba y hablo desde el feeling o tufillo que estoy detectando en los acontecimientos de las últimas semanas.
Vamos con los antecedentes.
Resulta que en la ineficiente y enorme empresa que agrupa Aeropuertos y Navegación Aérea, cuando se ha hecho alguna huelga, el seguimiento ha sido de alrededor de un veinte por ciento.
Si a esto le añadimos unos elevadísimos servicios mínimos en puestos que no pueden dejarse sin cubrir, la realidad es que el paro ha acostumbrado a no tener ninguna repercusión en el normal funcionamiento de las instalaciones.
La única consecuencia era que quien tenía trabajo para un día, al día siguiente lo tenía doble si no es que había hecho uso de un permiso de asuntos propios en el colmo del rastrerismo.
Entonces, aparece un comunicado en el que se convocan más de veinte días estratégicamente elegidos para hacer daño a vacaciones y puentes.
Personalmente siempre he defendido que era un farol ya que como he explicado, difícilmente hubiese ocasionado muchas dificultades para viajar.
Pero claro, los medios nacionales e internacionales se hacen eco de la amenaza y empiezan a haber cancelaciones de desplazamientos para esas fechas.
Como las relaciones con la empresa estaban muy deterioradas, piden los sindicatos hablar directamente con el Ministerio de Fomento y tras una reunión maratoniana de más de quince horas, se llega a un acuerdo que garantiza la paz laboral.
Con esto, los sindicatos se ponen medalla por haber hecho claudicar a la empresa y el Ministro se cuelga la de haber salvado el sector turístico.
Pues como decía al principio, a mí me da un tufo enorme de que esto estaba más que orquestado, pautado y guionizado desde el principio.
Cómo me gustaría que hubiera una cámara oculta de la negociación para ver si estaban durmiendo, jugando al poker o viendo capítulos de sus series preferidas.

4 comentarios:

M. Seijas dijo...

Una vez más... piensa mal y acertarás

José Luis dijo...

Pues quizá esté usted en lo cierto. Lo del farol es bastante probable: que le digan los señores sindicalistas al empleado que va a perder casi el sueldo de un mes... Mi menda se niega, ya te lo digo yo.

Y cuanta razón tiene el señor embajador americano en Ejpaña (creo que fue él) cuando dice que pepiño no es un tio de fiar porque nunca mira a los ojos (WikiLeaks dixit): es cierto, fíjate cuando sale en la tele: a menos que lo pongan en un sitio elevado, siempre mira para abajo.

neus dijo...

Es que Pepiño se ha operado de la miopía (ahora está super-atractivo!!). Será por eso que usted le ve esa mirada inquietante, Sr. José Luis....A mí lo que me huele fatal es que firmasen el pre-acuerdo a las 6 de la mañana...Primero, los sindicatos deberían velar por la conciliación de la vida laboral y familiar de sus miembros, así que una reunión de 17 horas me parece un insulto....(esa gente no cena? no duerme?). Y segundo, yo creo que estarían reunidos en el Top Models o en algún lugar parecido.....

¿Pero no estaban 'luchando' por la No Privatización? dijo...

Pepiño no es de fiar, desde luego, pero ¿lo son unas corporaciones que han vendido a los trabajadores que presuntamente defienden? La verdad es que no entiendo cómo todavía hay gente que les sigue pagando las cuotas de filiación.